
Estuve pensando en mis contradicciones, en el sí y en el no, en lo que quiero ser, y en lo que soy, en lo que amo y también en lo que odio.
¿Cómo es posible que a veces odie lo que amo y ame lo que odio?
He estado pensando en mis contradicciones, en el daño que hago a otros y que a veces me hago a mí mismo, por no tener las cosas claras, por no saber establecer mis prioridades.
He estado pensando en mis contradicciones, en como a veces enfrento mis propios valores, con mi manera de actuar, y he comprendido que sigo siendo humano, quizás demasiado humano, que muchas veces el corazón, tiene razones que la razón no entiende.
Y he llegado a la conclusión, que si aún dudo, es porque todavía no me he rendido, y al enfrentar la vida, me enfrento a dilemas.
He estado pensando en mis contradicciones, y he dado gracias a Dios, por ayudarme a enfrentar, tantas preguntas, y a encontrar tantas respuestas…
Las contradicciones se presentan en cada uno de nosotros a diario.
Vamos a hacer algo y dudamos…
Nos preguntamos si está bien o mal…
Vamos a dar algo a alguien y pensamos cómo lo tomará…
Sentimos amor pero luego también dudamos…
Y así vamos de un lado al otro, paseamos por esas habitaciones que creamos en la mente, nos parece que una es mejor que la otra pero luego regresamos a la primera…
No sabemos para dónde vamos o si lo sabemos no tenemos la certeza de saber si es lo mejor…
Pero en ese ir y venir uno aprende…
Crece…
Es como el niño que está aprendiendo a escribir: le faltan algunas letras primero, otras son deformes, otras no están bien insertadas en la palabra…
No se entiende, borra y vuelve a empezar, y poco a poco la palabra contiene todas las letras, no hay error, no se equivocó y dice: ¡Bravo!
Lo logré…
Dudando crecemos, y por sobre todo en esas dudas, en esas contradicciones encontramos los obstáculos interiores que ponen freno a nuestras verdaderas emociones, a nuestros sentimientos y logramos entender que sólo superándolos logramos llegar a nuestra meta, a lo mejor de nosotros y a conocernos cada día más.
Muchas cosas que nos suceden no tienen una explicación lógica.
Mucho de todo lo que vivimos no puede ser analizado.
Debemos entender que el corazón entiende razones que la razón no entiende…
Entonces enfrentemos la vida dándole paso a la razón pero llevando en la mano nuestro corazón…
De esta forma podremos enfrentar nuestras contradicciones y darnos cuenta que muchas de las respuestas que no encontramos en la mente están alojadas en nuestro corazón.
Tao o Dao es un término chino que significa “camino”.
El Tao es una fuerza primitiva que es producida por todas las fuerzas naturales del cielo y de todo el universo. Por eso ayer hice esa pequeña introducción con el post de Los Cuatro Elementos. Tao es una forma de vida, no es un Dios o una religión. Los principios del Tao fueron enunciados por primera vez por medio de símbolos y de palabras por los antiguos filósofos de la China, hace más o menos 5000 años. Es una forma de equilibrar la vida.
Uno de los primeros filósofos del Tao fue Lao Tzu. Era un funcionario del Tesoro Real o Biblioteca de la dinastía Zhou y esto le facilitó el convertirse en un erudito de renombre. Se cuenta que el joven Confucio lo visitó para pedirle información sobre los rituales de la dinastía Zhou. Disgustado por la decadencia en la que vivía la familia real de Zhou, Lao Tzu abandonó la capital Luoyang y al llegar al paso de Han Guguan escribió los dos tomos del Tao-te ching.
El Yin y el Yang es un ejemplo de esta filosofía.
El YinYang es un símbolo dinámico. Muestra la continua interacción de dos energías y su equilibrio: como tal, es un símbolo de armonía. Es un símbolo que crea igualdad pues sin el Yin no podría existir el Yang y al revés, igual, y sin la interacción de ambos, no se genera vida. No existe nada opuesto entre el Yin y el Yang. Son complementarios.
Lao-tzu en “Tao-te ching” escribió: “Todo tiene dentro de sí ambos, yin y yang y de su ascenso y descenso alternados nace la nueva vida”.
Cuando una de las dos energías llega a su máxima expresión, inicia la transformación en su opuesto: esto es lo que representan los dos puntos en el símbolo. En su máxima expresión, el yang contiene la semilla del yin, tanto como el yin contiene la semilla del yang.
Yin, originariamente, era el nombre del lado frío de la montaña, aquel que mira al Norte; al contrario, Yang era el nombre de aquel más calido, dirigido al Sur.
Yin es el lado oscuro, la noche y lo femenino; Yang el lado masculino, la luz y lo masculino.
Yin es la Luna, el Agua y la Tierra; Yang es el Sol, el Fuego y el Paraíso.
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